viernes, 3 de julio de 2009

Medios de Comunicación Colectiva

Los medios de comunicación colectiva se han caracterizado por adjudicarse el
derecho de constituirse en los representantes y denunciantes del pueblo, en una especie
de supuesta “voz de los sin voz”. Sin embargo, esta actitud, muchas veces valiosa pero
en otras ocasiones arrogante e irresponsable, ha levantado cierta polémica dentro de los
círculos académicos y afectados por estas informaciones.

En varias ocasiones, el error recae en los noticiarios y periódicos por una simple
razón: nunca consultaron al pueblo qué era exactamente lo que deseaba reclamar o
presentar, por lo que se interponen los intereses de las empresas de la comunicación a
las necesidades de las mayorías, o como bien lo dice Ana María Miralles, “examinar
cuál es el punto de vista inicial de los ciudadanos para que los líderes aprendan a
comenzar donde los ciudadanos comienzan”
.

Primero, para definir la influencia de los noticiarios en las opiniones que generan
las noticias en el pueblo y su relevancia en el escrutinio de temas públicos, es
importante determinar, ¿qué es un medio de comunicación? Por consiguiente, 2Juan
Rial, en el documento llamado “Acceso a los medios de comunicación” detalla que los
medios no son solo empresas políticas y que están compuestos por:

1. Estructuras culturales que informan, entretienen, educan, manipulan y forman
la opinión de la población. Esto refiere a tanto a las actividades que tienen
incidencia política práctica inmediata, como las que sólo tienen influencias
políticas indirectas o aquellas que la ignora.

2. Empresas comerciales de servicios. Como tales buscan un lucro a través de la
realización de sus actividades corrientes, con cierta independencia de los
avatares políticos.

3. Actores políticos. Como tales los medios expresan o articulan intereses de
diversos sectores económicos y sociales ligados a los mismos.

De esta manera, podemos considerar que los medios, como estructuras culturales
que son, comprenden temáticas desde un punto de vista que, en teoría, comparte su
receptor. Sin embargo, también son empresas de servicios, y como toda empresa, deben
velar por sus intereses, aunque en ocasiones esto implique una doble moral o fallas a su
propia ética y moral. Finalmente, como toda empresa con objetivos económicos,
también son afectadas por su entorno político. De esta forma, es muy común que para
defender sus proyecciones monetarias, opten por apoyar o fortalecer un sector de la
política nacional, como fue el caso de La Nación durante la pasada campaña
presidencial, cuando en su agenda privilegiaba el discurso de Óscar Arias por sobre el
resto de partidos políticos.

Ahora bien, una vez definido el concepto de empresa mediática, es hora de
definir qué se puede considerar como un asunto público. Según Miralles, 3una idea
pública está vinculada a los intereses democráticos, pero al mismo tiempo la que ha
permitido mayor manipulación de los fenómenos de opinión. Y es que, claro, si existe
un solo intérprete de la agenda pública, o bien, varios intérpretes que tienen una misma
visión oligopólica de los asuntos públicos, entonces se dificulta aún más una
supervisión responsable por parte de un sector de la ciudadanía para velar por la
recepción de información veraz y responsable, ya que los medios de comunicación se
esmerarían en restar legitimidad o invisibilizar a dicho organismo, riesgo que corre
precisamente el Observatorio de Medios.

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